lunes, 15 de diciembre de 2008

El renacuajo y la rana

"-Debería darte vergüenza -dijo la rana-. Cuando yo era un renacuajo, no tenía cola.

-Eso es lo que yo pensaba -dijo el renacuajo-. No has sido nunca un renacuajo."

Robert Louis Stevenson

Isidore

“Desde que tú te me apareciste, Monarca de estanques y pantanos, me has consolado algo; pero mi razón vacilante se abisma ante tanta grandeza”.

Conde de Lautréamont, Los Cantos de Maldoror

miércoles, 22 de octubre de 2008

Des-centrando

Leopoldo Lugones, Rubén Darío y Francisco Contreras.

A Juan Ramón Jiménez

¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza
para empezar, valiente, la divina pelea?
¿Has visto si resiste el metal de tu idea
la furia del mandoble y el peso de la maza?

¿Te sientes con la sangre de la celeste raza
que vida con los números pitagóricos crea?
¿Y, como el fuerte Herakles al león de Nemea,
a los sangrientos tigres del mal darías caza?

¿Te enternece el azul de una noche tranquila?
¿Escuchas pensativo el sonar de la esquila
cuando el Angelus dice el alma de la tarde?...

¿Tu corazón las voces ocultas interpreta?
Sigue, entonces, tu rumbo de amor. Eres poeta.
La belleza te cubra de luz y Dios te guarde.

Rubén Darío.

Centrismo

Estimados Amigos:

En estos días tendré el enorme placer de conocer - ya que vendrá por estas tierras - al director de un famoso museo situado en esa bellísima ciudad, escenario de tantas de nuestras aventuras, llamada Londres.

Creo que escuchar a este renombrado señor no será otra cosa que un enorme placer.

Hace apenas unas horas, sin embargo, habiendo desembarcado ya en el país vecino, este distinguido caballero ha pronunciado unas palabras dignas de mencionarse: "Todo sucede en Londres". Y bien, me he preguntado: ¿De verdad? ¿Será que todo sucede en Londres? ¿Y qué hago yo aquí de este lado del océano? ¿Y cómo podría enterarme mejor de lo que en el centro del mundo viene a ocurrir?

Por unos momentos he entrado en pánico. He dudado de mi inteligencia, mis deberes, de mis lealtades. Me he cuestionado sobre la validez del trabajo que realizo, tan alejado de ese foco luminoso y resplandeciente. Y luego me he dado cuenta: sólo es mirando y admirando lo que ocurre más allá de nuestras fronteras que nos reconoceremos a nosotros mismos.

Abro, pues, una nueva etapa en estos nuestros Tiempos Victorianos: la etapa de mirar hacia el exterior, las maravillas que mientras Inglaterra hacía lo propio, se gestaban en otros países.

viernes, 22 de agosto de 2008

El amor y sus accidentes

Queridos Amigos:

Prometí hablarles del amor, y cuánto me he extendido en poder llegar a proponerles el tema en estos nuestros Tiempos Victorianos. En fin, mis disculpas a todos. Me hallo en medio de un momento algo perturbador en mi vida, algunos caminos que se abren... y otros que definitivamente se cerrarán: la vida.

Pero bien: he aquí lo importante, que es la manera en que nos comunicamos y lo que de allí resulta. Hoy en día el amor no es más que un accidente extraño y en el mejor de los casos bienintencionado.

Por un lado, nuestra sociedad de consumo nos lo presenta bajo su lógica particular. Es decir, el usar y tirar. Por otro lado, nosotros las personas seguimos buscando el amor por todas partes. El amor, ¿pero qué amor? ¿La compañía? ¿El amor de las películas? Ay, si, queridos lectores, y he aquí que hemos formado nuestro criterio en el del amor romántico, proveniente en gran parte de las películas de Hollywood. Y entonces, ¿cómo no hemos de fracasar? Y sumémosle a eso la irritante necesidad de la seducción. No podemos acercarnos a nadie sin intentar seducirlo, lógica e inevitable también transposición del consumo (¿o no es esto cierto, queridas damas y queridos caballeros?), lo cual nos lleva indefectiblemente a mostrarnos como no somos, adornados por quién sabe qué cualidades absolutamente ajenas, oh desilusión, con resultados nefastos a posteriori (cuando se nos caen las máscaras).

Notarán mi desazón, queridos amigos, casi tanto que estoy a punto de apoyar la victoriana costumbre del matrimonio por conveniencia y obligación. Incluso podría decirle al caballero que me tocara en suerte: "Querido Señor, casémonos y ya tendremos el tiempo de conocernos. Intente usted amarme tal cual soy, sin el aditamento del romance, y luego ya veremos". Siempre es posible entregarse a otros amantes en el futuro, ¿o desde cuándo hemos defendido los victorianos la fidelidad a ultranza?

El amor, queridos, es hoy algo tan difícil, tan extremadamente raro y carente de libertad, que simplemente no me atrevo a seguir hablando.

lunes, 21 de julio de 2008

Madame Becky


Queridos Amigos:


Me encuentro hoy en un terrible estado de felicidad al anunciarles la entrada de mi admirada amiga Becky Sharp en estos Tiempos Victorianos. Creo que Madame Becky no necesita presentaciones: su blog habla por sí solo, y lo hace maravillosamente. Por eso me gustaría que ocupe un cargo en una comisión para la cual no teníamos hasta ahora un digno representante: quisiera que dirija - a menos que ella se oponga - la "Comisión de las Letras". No conozco a nadie más acertado para este fin.


Becky conjuga inteligencia con buen gusto, sentido común y sentido del humor. Es una notable investigadora de la cuestión femenina en los tiempos victorianos, tarea para la que reúne numerosas cualidades. He tenido la ocasión de leer un texto sobre este tópico admirablemente escrito, y sólo espero que se digne a colaborar con la causa de este blog escribiendo, de tanto en tanto, algún párrafo que nos alegre la mente y el espíritu.


Queridísima Madame Becky, bienvenida a estos Tiempos Victorianos. Le envío todo mi afecto desde aquí.